LA PROSTITUTA...




Por: Edward Pérez

El ciudadano de la frontera.

Ensayo...


En mi juventud de bohemio enamorado, la cual pensé que nunca acabaría. Anduve por todo el caribe en busca de nuevas aventuras y un buen bar donde encontrar los placeres de la vida, que más me gustaban. Las prostitutas.
Observé que solo cambiaban las formas de hablar, pero la prostitución era la misma, con las ventajas de que el lenguaje en ese mundo es universal.
En un lugar del caribe encontré el bar que buscaba por mucho tiempo, allí conocí una joven prostituta, su piel reflejaba un color bronceado, con largas piernas y exuberantes nalgas, esta joven bailaba a ritmo de música latina.
Tenía una mirada conquistadora y muy cautiva. Al verla por primera vez me di cuenta que sería imposible para mi conquistar esta joya de mujer; Porque el hombre debe reconocer cuando la mujer le queda grande.  Pero mi decisión superaba mis posibilidades. Sin pérdida de tiempo me acerqué, la saludé como a toda una dama, momentos después le pedí que me acompañara en la mesa.
Con una sonrisa en los labios señaló que más adelante me acompañaría. Esta acción era una forma de ella darse valor y mostrar sus atributos mientras caminaba de un lugar a otro. En una esquina de la barra estaba esta joven la cual nunca perdí de vista, ya pasada la media hora observé que se había decidido a acompañarme, mientras se dirigía a mi mesa, llegó un magnate, el cual cautivó la atención de la joven y esta cambió el rumbo, y se dispuso a buscar un buen lugar para este señor.
 Yo sentado en un rincón del bar, podía sentir mi primer golpe bajo. Momento después un mesero llegó hasta su mesa con una botella de un excelente whisky, mientras el magnate hablaba con la joven acariciaba sus lindas piernas. 
No podía contener la rabia e impotencia.
En ese momento aprendí, que, “los perros de los pobres comen si sobra”. Luego comenzaron a bailar, yo en mi esquina como boxeador apaleado solo debía conformarme con verla estirar sus piernas y mover su cadera a ritmo de música caribeña, mientras el señor la pegaba a su cuerpo.
Momentos de felicidad acompañado de grandes carcajadas acompañaban esa mesa. Mientras los momentos de ira e impotencia invadían la mía.
Horas después llegó un señor bien vestido, acompañado de dos fortachones, como seguridad.
En ese instante la cosa se puso buena, al ver la situación mi ánimo cambió. A la llegada de ese señor la situación cambiaría para siempre.
Cuando la joven vio quién entraba por esa puerta, sin mediar palabras se paró de la mesa del magnate y se lanzó en los brazos de aquel señor.
Por un momento, me sentí muy feliz al ver que le quitaron la mujer a quién me la quitó a mí.  Me di cuentas que las prostitutas eran movidas por intereses, no por principios.
Mientras el magnate quedaba con los ojos largos yo tomaba un trago hasta el fondo del vaso, en señal de alegría, la cual duró poco;
Más tarde entendí que no importase en cuantos brazos ella se posara, como quiera estaba lejos de los míos. Intentaba cruzar la mirada con esos hermosos ojos marrones, cubiertos por grandes pestañas. Pero era imposible ya que el nuevo señor era quien gozaba de su atención. Luego llegó un mesero con lujosas copas y una botella de coñac… el señor vació casi la mitad de la botella en el piso, en honor a los muertos. Esta demostración de poder y dinero me colocaba más lejos de mi objetivo, ya era imposible competir.
Podía ver como el magnate se consumía en su mesa, estaba más triste que yo, apenas comenzaba a sentir lo que yo había superado. Sentía que el tiempo iba más lento que los días anteriores, en un momento me di cuenta que el magnate me observaba y con el ceño de sus cejas me saludó.
Luego de unas horas y con unas cuantas copas atravesadas abordé a un mesero y le pregunté por la joven. Pero la respuesta que él me dio me dejo más sorprendido todavía. Se acercó y me susurro al oído que debía darle doscientos pesos por la información ya que, en ese lugar todo era un negocio. No me dejaba más opciones. Pero como buen cabaretero le dije que ya no me interesaba la información. Esperé un momento y llamé a otro mesero que pasaba. Este me pidió trecientos pesos por la información, vi que era muy enserio lo del negocio. No tuve más opción que llamar al anterior y darle los doscientos pesos.
Comenzó a explicarme la historia: Dijo que el primer señor era un empresario que siempre visitaba el lugar detrás de esa joven. Pero nunca había tenido la oportunidad de salir con ella porque alguien le avisaba al último señor, quien era un político.
El empresario perdía su recurso ante el político.
Luego detalló que esa joven era hija de próceres y educada en los mejores colegios del mundo, con grandes valores éticos y morales, pero que ella y muchas vecinas más cayeron en manos de los políticos y estos la prostituyeron. Manifestó que los políticos habían prostituido a todas las caribeñas. Pero que él en particular agradecía a los políticos por la prostitución, porque muchas personas vivían de ese negocio incluyéndose él; me aseguró que pronto el mundo sería prostituido por los políticos si los empresarios no se apretaban los pantalones ante la situación.
Esto era algo nuevo para mí, no podía digerir tanta información en tan pocas palabras. Con el corazón destrozado pagué la cuenta y decidí, marchar del negocio.
Pero no quise irme, sin antes preguntar por el nombre de la joven, el mesero me indicó que ya los doscientos pesos se me habían agotado, y que debía darles cien pesos más para la nueva información. Lo miré con rabia y nuevamente con impotencia; pero este al ver mi cara me dijo, señor no olvide que en este lugar todo es un negocio.
No tuve más opción que darle el dinero; De inmediato me expresó que la apodaban quisqueya, pero que se llamaba Republica Dominicana.

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