EL VIEJO TELEVISOR


Por: Edward Pérez
El ciudadano de la frontera

EL VIEJO TELEVISOR.

Mi país estaba pasando por una depresión económica, que llevabas a muchas personas de mi barrio a buscar comida en los botes de basuras, el servicio eléctrico había quemado todos los equipos electrónicos en el vecindario. La situación era muy precaria, los servicios públicos habían sucumbidos. Al igual que el servicio telefónico. El internet simplemente no existía.

Eran momentos difíciles.


Las personas comenzaban hacer huertos en las casas con las pocas semillas que podían conseguir, en esos días aprendimos que muchas de las flores ornamentales eran comestibles, y parte de las malezas de los patios. Además, comprendimos que tuvo que caer el país en una crisis para nosotros compartir con nuestros vecinos, jugar y hacer tareas colectivas en beneficios de la comunidad.

Parecía como si el momento de tocar fondo, nos hacía más humano; A nadie les parecía imperantes usar ropas de marcas, prendas ni accesorios de vestir. Formaron juntas de vecinos y crearon leyes que todos debían respetar incluso, los baños de las casas solo podían ser utilizados en caso de extrema necesidad, porque se debía ahorrar agua.
De lo contraria había que hacer cola en unas letrinas públicas que se habían habilitado.

Nadie quería dinero porque no tenía valor alguno. No había forma de que nadie vendiese o comprase nada. Los negocios se hacían mediante trueques. Las personas tenían que caminar más de treinta kilómetros para poder ir al pueblo más cercano.
Pero había algo que hacía que todos olvidáramos la crisis. un buen partido de fútbol o de béisbol; era lo único que sacaba sonrisas y emociones en aquel país, todos nos concentrábamos en el único lugar que había una TV.

La cual era propiedad de un viejo ermitaño, quien vivía solo y nadie sabía cuáles eran las razones; además era la única casa que tenía electricidad, porque funcionaba con un sistema solar.   
Todos nos sentábamos, niños y adultos en el frente de su casa... Pero el anciano nunca dejaba ver un buen partido en paz. En los momentos de un gol o un jonrón, se paseaba frente al televisor. Y quitaba la emoción. Todos maldecíamos en voz baja para que él no fuera a escuchar.... parecían actos involuntarios, pero todos sabíamos que eran apropósito.

Pasado el partido y todos volvíamos a sentir la crisis. Muchas personas decían que había que buscar la forma de tumbar al gobierno. Pero todo se quedaba en palabras, nadie tomabas acciones, parecíamos androides programados para sufrir y sin derecho a reclamo alguno.

Al final de la calle había una casa muy grande con una pared enorme que encerraban todo el perímetro. Vivía una familia de clase alta. Salían todos los días a la siete y media, en una camioneta de doble cabina.

Cuando se hacían las algarabías de un Gol o un Jonrón, esta familia abría diferentes ventanas en el segundo piso de su casa; era como si ellos disfrutaban de los partidos desde sus cómoda habitaciones.  Nadie tenía contactos con esta gente.

Mientras veíamos un partido de fútbol el anciano comenzó con una tos como si estuviera muriendo; en ese momento todo el vecindario congregado frente a la casa del anciano, nos preocupamos, y algunas de las personas más vieja se ofrecieron ayudar, mientras que este se resistía hacer ayudado. Las personas se fueron yendo porque resultaba imposible escuchar el partido con los quejidos del anciano. Otros optaron por quedarse a seguir ofreciendo la ayuda.  Yo tuve que quedarme con mi madre que era una de las personas que se ofrecía hacer una tizana.  Horas después nos marchamos. Ya que él no permitió que nadie entrase a su vivienda.

Al siguiente día como de costumbres nos fuimos centrando frente a la casa, a esperar que el anciano abriera la puerta. Según pasaba el tiempo nos preocupábamos, algunos por la salud del anciano y otros por el partido de fútbol. La puerta no se abrió.

El caos y los rumores se apoderan del vecindario, en ese momento sentimos que la crisis se había agudizado. Muchos planearon formar un ejército de liberación para salir en busca de los responsables de la situación. Los rumores de que el anciano había muerto se esparcieron por todos los lados. Formaron una comisión que sería la responsable de romper la puerta para entrar a la casa. Otros decían que el televisor lo colocarían en el parque, si el anciano había muerto.

Mientras se disponían abrir la puerta, el anciano moribundo salió con una escopeta en las manos; en ese momento se le explicó que, pensaban que él había muerto y que por eso intentaban entrar a la casa.  Con voz flácida.
Dijo.
–El primero que intente robar mi televisor le voy a pegar un tiro-
Todos nos fuimos retirando, unos maldiciendo porque el anciano estaba vivo y otros oraban por su pronta recuperación.
Pasaron varios días sin ver la tv. Ese era el tema de todos en las calles.

Una tarde estábamos mayoría de la gente del vecindario sentado en el parque y vimos que el señor de la gran casa del final de la calle se acercaba; era su rutina del día a día, salir en la mañana y regresar en horas de la tarde. Al pasar por el frente de nosotros a baja velocidad. Observamos algo que llevaba en la parte trasera de su vehículo. Todos quedamos boquiabiertos, no podíamos creer lo que estábamos viendo. Era algo inesperado lo máximo, la felicidad volvió a nuestros rostros, pareció una danza sincronizada, que todos nos pusimos de pie al mismo tempo. 

Este señor llevaba la caja de un televisor de última generación; no podíamos creerlo, los más jóvenes salimos como locos a dar la noticia a los demás. Momentos después el parque se había llenado de gente; algunos decían que debía ser instalado en el parque. Muchas propuestas se hacían, pero nadie tomaba encuentras que no había energía y que el televisor no nos pertenecía.

Las conjeturas iban y venían, en torno al gran televisor.
Como de costumbre el señor se desmontó de su vehículo y luego de entrar cerró el gran portón.
Eso no molestó a nadie, ya que conjeturaron que el siguiente día el señor daría la gran sorpresa al vecindario. Nadie durmió esa noche, la emoción invadía a todas las personas.
Al siguiente día me levanté antes de salir el sol y fui al parque, al llegar me di cuentas que personas habían amanecido allí.  Era increíble lo que estaba sucediendo.
Ese día no vimos a nadie salir de la casa, nos asomábamos tratando de escuchar algún indicio; pero nada surgió.
Las horas fueron pasando y no tuvimos noticia de lo que sucedía allí dentro.

Ya el día había pasado y ante de caer la noche decidimos volver cada quien, a su casa, para levantarnos temprano al siguiente día. De camino pasamos por el frente de la casa del anciano y vimos que él estaba sentado viendo un partido en su viejo televisor.
Muchos comenzaron a burlarse del televisor del anciano. Diciendo que ya no verían más un partido en un televisor tan viejo. Luego de tantos insultos el anciano dijo.
-Es de mezquino abandonar lo viejo por lo nuevo cuando lo nuevo un día será viejo-. 

Las carcajadas y burlas cada vez se hacían más y más. Luego de un buen rato todos nos marchamos.
Al día siguiente fuimos al parque; a la siete y media se abrió la puerta como era de costumbres: allí estaba la gran caja montada en el vehículo.
Volvieron las conjeturas: Algunos decían que el señor entregaría el televisor al vecindario al salir.

Luego de toda la familia abordar el vehículo, salieron de la casa. Mientras el señor paró a fuera, desmontó y cerró el gran portón. Todos los pasajeros parecían sorprendidos por las miradas de los espectadores mientras el vehículo se desplazaba a marcha lenta. Nos pasaron por el frente y se marcharon.

Volvieron las conjeturas. Unos decían que el señor entregaría el televisor al regreso. Muchas posiciones encontradas, hasta que una señora dijo. – Vamos a formar una comisión que será la responsable de hablar con el señor a su regreso. En ese momento formaron la comisión, la cual estaría compuesta por las personas más respetada del vecindario.
Ese día se bañaron bien, se perfumaron y pusieron sus mejores ropas.

El momento se había tornado tenso.

Además, se indicó que los demás debían esperar en el parque guardando silencio. Todos recolectamos frutas, verduras y vegetales que serían entregado por la comisión en señal de agradecimientos.
Al principio de la calle una persona acecharía para dar el aviso cuando el vehículo se asomara.

Horas después se dio el aviso. La comisión con los brazos llenos de cuantas cosas se había recolectado, esperaban frente a la puerta de la casa al final de la calle.

Nuevamente vuelve el vehículo con la gran caja en la parte trasera. Sorprendido por tan noble gesto el señor se desmonta y he recibido por la comisión quien hace entrega de los regalos.
Mientras el propietario da las gracias, abre la puerta de la casa y manda a pasar la comisión. Luego pregunta que a qué se debe tan noble gesto.
La persona autorizada hablar dice. –Señor hemos traídos estos regalos a ti por haber pensado en el vecindario y comprado un televisor, el cual agradecemos mucho y sabremos cuidar-: Mas sorprendido aun este responde;
-Agradezco sus regalos permítanme recibirlo con amor y agradecimientos, pero no se a que se refieren-.
Uno de ellos señala la gran caja que permanecía en el vehículo. A lo que este responde.

-Siento desilusionarlo, pero esa caja la encontré en el basurero de un pueblo y por su tamaño vi que me sería útil para cargar mis herramientas-

Nunca dejes un viejo televisor por la caja de uno nuevo... 

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