El Tercer Ojo


Artículo VI.
Dajabón, República Dominicana
Marzo 4/19
Por: Edward Pérez
El ciudadano de la frontera.


La pugna entre el León, quien era el atractivo principal y el dueño de la boletería llevarían al tercer ojo a la desaparición del escenario. 
A principios de la década de los setenta,  se fundó un circo llamado El Tercer Ojo, su rígida doctrina lo convertiría en la organización más grande conocida en el mundo del entrenamiento. Cabe resaltar cómo llamaban la atención sus míticos e impresionantes personajes.

Mientras gobernaba la doctrina y la naturalidad de las cosas, la organización era digna de admiración. Se convirtieron en una maquinaria capaz de movilizar a todo un pueblo en solo horas.

39 años después de su fundación y siendo la maquinaria de atracción más grande del país, los organizadores de eventos deciden llevar a cabo el plan más sádico conocido en el mundo del entrenamiento. Es cuando inician el proceso de desintegración de los pequeños circos; obvian que la cadena trófica señala las relaciones alimenticias entre productores, consumidores y otros organismos heterótrofos. En otras palabras, la cadena refleja quién se come a quién (un ser vivo se alimenta del que lo precede en la cadena alimenticia a la vez.


Estos seres entendieron que la solución al problema era destruir los demás circos desde sus cimientos y así obligar a los espectadores a nutrirse del entrenamiento único de ellos, pero no precisaron que, a falta de competencias, los demás cirqueros entrarían en el tercer ojo y así los destruirían desde dentro. Convertido ya en el coloso más grande conocido en la historia, y surcado por diferentes especies e ideologías, el problema sale de las calles y es llevado al corazón del circo.

Ahora la complicación no eran las competencias, más bien el control de la boletería, la cual se convirtió en el objetivo a perseguir.

El amo del circo era el león. Se entendía que sin este no había entrenamiento y que para lograr actividades a casa llena se debía sentar al león detrás de cada show, situación esta que desencadenó pugnas entre este y el dueño de la boletería, quien prefería cerrar el tercer ojo antes de permitir al león ser el alma de la fiesta.

Siendo el dueño de la boletería, los cirqueros y malabaristas, este decide expulsar al león del circo. Grandes multitudes colocadas en las graderías del lugar,  aclamaban el acto del león y en tonos amenazantes vociferaban que sin él no habría acto. 

El gran circo se despedaza por las pugnas entre el león y el dueño de la boletería. Esta gente no entendía que el dueño sería capaz  de sacrificarse y cerrar las puertas del circo antes de permitir al león ser el espíritu del festejo.

Algunos malabaristas recomendaban al león abandonar el circo y formar el suyo, pero estas gentes se mantenían de la boletería, aunque apostaban al león, también se beneficiaban de su oponente. Porque sólo eran arribistas, gente avara que entendían que el circo debía continuar sin importar en las manos de quién estuviera.
edwardjp76@gmail.com

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